Los Criterios de calidad en México

Psic. Miguel Ramírez Nolasco

Director General "Ediciones Transformación"
Co-Autor de los libros: "La Joya Escondida", "De lodo a Flor de Loto", "La Voz del Maestro"
Co-Autor de 10 discos de Musicoterapia Instructor del Centro Transformación



Llevo más de cinco años de revisión personal y entrenamiento profesional sobre el ser humano con el Maestro Rubén Armendáriz Ramírez, quien tiene más de 25 años en esta investigación, y me inquieta darme cuenta como se evalúa la calidad en México. ¿Cómo distinguimos que es un producto o servicio “bueno” o “malo”?. Me parece que se ha perdido la sensibilidad natural, que nos hace realmente humanos, y por ello existen juicios y actos carentes de la más minima lógica, que dañan a la Consciencia social y comunitaria.

Citare algunos ejemplos; escuche a dos jóvenes profesionistas de una empresa opinar que es igual un automóvil nacional y modelo económico, que uno importado de lujo ya que “sirven para lo mismo” ¡sin tomar en cuenta los estándares de calidad y mercado de valores en el mercado mundial!

En otro caso, un amigo decía que no le importaba tomar una maestría “chafa” (en sus propias palabras), pues solo quería un papel “oficial” para mejorar su sueldo en la institución en que trabajaba.

Otro caso inaudito: supimos que algunos jóvenes psicólogos opinaban que capacitarse con un casi recién egresado de psicología, que recibió experiencias de PNL unos meses, ¡era lo mismo que entrenarse con Robert Dilts, su máximo exponente mundial, con más de 30 años de experiencia en el área y más de 13 libros publicados!.

Creo que juicios tan pobres y carentes de lógica elemental, se deben a una nula cultura de calidad (y un muy bajo nivel de consciencia, obviamente). Y esto explica porque hay instituciones que, por ejemplo, solo por “ganar imagen”, contratan charlatanes que cobran cientos de miles de pesos, pero no aportan nada trascendente, para transformar la calidad de vida individual ni mucho menos social. De igual forma, muchas escuelas de psicología nombran “profesor” a jóvenes recién egresados, casi sin experiencia de vida ni profesional, sin revisión personal, y sin supervisión cercana de un experto.

Sin criterios de calidad generamos una cascada de factores limitantes y nocivos. Por ejemplo, como una de sus consecuencias en las instituciones se da el influyentismo (típico en los países tercermundistas), brindando trabajo por “compadrazgos” o contratando al instructor “barato” para “ahorrar presupuesto” o, peor aún, llevarse “unos billetes a la bolsa”. Ante mi asombró, en una institución nos mencionaron que programaban instructores “chafas” (a los que pagaban 200 o 300 pesos por hora), que esos cursos no servían para nada pero los hacían así ¡por ser baratos! Sin criterios de calidad, caemos fácilmente en actos corruptos y faltos de ética.

Hablando de otras áreas, para llegar a ser un “ídolo” artístico parece requisito no saber música, cantar feo o hasta ¡con voz de borracho y dotes de “narco” como si eso fuera la más alta expresión humana! Pero ¿Quién y bajo que criterios evalúa los “talentos” y determina que es un “producto de calidad”? Un ejemplo bárbaro son los llamados “pornocorridos”, de alto contenido obsceno y que denigran la calidad y sensibilidad humana.

Esto no es sino el reflejo de una cultura decadente que nos lleva a un salvajismo peor que animales. Hace poco vimos un reportaje sobre un partido de futbol, aquí en México, en que unos “pseudohumanos” prendieron fuego a un joven con una bengala quien, en presencia de su madre, muere a los pocos minutos. Pero pareciera que el individuo común no ve ni oye estos reportes pues las masas ignorantes siguen alentando la neurosis y violencia.

En otro ejemplo, hoy los adolescentes bailan golpeándose unos con otros a costa de perder la conciencia por un fuerte golpe en la cabeza, y argumentan hacerlo para poder “sentir algo”; así mismo otros se perforan partes intimas o delicadas del cuerpo o se tatúan, y ni que decir de quienes se drogan ¡Tan dormida y embrutecida esta la sensibilidad de la gente ordinaria! De seguir así, sin duda cada vez serán peores las manifestaciones. Pareciera que la generalidad humana esta muy ciega y embotada, pues teniendo la oportunidad de ver, se niega a hacerlo; así, la gente realmente no escucha, no busca ni tiene claridad de sus actos (ni mucho menos los ajenos). Como consecuencia, experimentan un gran vacío existencial: solos o acompañados viven con la falsa ilusión de que el poder, el control, la imagen, la seguridad económica o el placer son sinónimos de una vida de “calidad”. Sin embargo, pese a que tenga todo ello, la gente sufre y vive en conflicto consigo mismo y con otros pues, en verdad esa no es una autentica calidad de vida.
Pero es preciso entender que no se puede hacer nada por quien no quiere ver ni oír. Es responsabilidad de cada quien desarrollar Consciencia pues ello depende su satisfacción de vida, así como recibir mejor su muerte. Para una vida de calidad autentica, y una mejora social resultante, juzgo importantes los siguientes puntos:

- Saber investigar y reconocer a un verdadero Maestro experto, de un pseudoprofesional o charlatán.
- Abandonar el egocentrismo excesivo, centrado solo en los intereses propios, y tomar en cuenta a los demás, reconociendo las propias fortalezas y limitantes, sin falsas actuaciones y adulaciones personales para engañar a otros.
- Sensibilizarse a las habilidades artísticas, con un mínimo sentido estético.
- No conformarse con cualquier ofrecimiento de una sociedad dormida y bárbara: ¡pide productos y servicios de calidad respaldada, posicionados por años en el mercado, guiados por la voz de un experto, y reconocidos (idealmente) por lo menos a nivel nacional!